
Solo una semana, para terminar ese camino que parecía tan largo y que comenzó en un febrero, hace dos años atrás.
Si miro el camino andado, los miedos del comienzo se diluyen como una gota en el mar. El camino que parecia áspero como las calles de Santa Maria, y tambien tormentoso, se encuentra colmado de emociones, de alegrías, de descubrimientos, de aprendizajes, tan intenso que se torna único.
Atrás quedaron las primeras ayudas en campo, para entrenar la forma de trabajar del grupo y para conocerse, con un mensaje subliminal de obligación por ir, con miedo de ser reprendido. Esa obligación fue el mayor placer que un jefe podía darme, pero lo cumplí sin saber que iba a sentir esto hoy. Las primeras salidas, las fiestas en la universidad, los asados que a veces eran atragantados con una noticia de un proximo trabajo que "iba a ser difícilmente conseguido con éxito", o que "suponía una tensión más con el jefe". Esos detalles solo le daban mas gusto al trabajo, estos dos años fueron un adiós a la monotonía!.
Al principio fue como lo que siente un niño que esta aprendiendo a comunicarse, primero debe observar y escuchar, pues el aún no está preparado para responder. La diferencia es que un niño no es conciente de su aprendizaje, como lo es un adulto. Pero esa "incapacidad" solo puede ser superada con una gran voluntad, por el deseo de conseguir ser parte de ese mundo nuevo. Esa fue, sin dudas, la primera conquista.
Asistir a clases era muy curioso, entender y sin embargo tomar nota en la lengua madre, por primera vez nadie me pedía que le dicte lo que habia escrito. Con el tiempo eso tambien fue cambiando, y hasta en la agenda o en las listas para ir al supermercado las anotaciones habian cambiado de idioma.
Y luego vinieron las exposiciones, los congresos, los exámenes orales (y no solo los académicos) que continúan y continuarán. Excluindo a este último, todos han tenido un saldo positivo, y no solo por lo aprendido; la compañia siempre fue de primera para poder disfrutarlo.
Santa Maria me ofreció un grupo sensacional para trabajar, en lo profesional, en lo personal, y en todos los planos por donde se lo mire. Son tantas las vivencias, los pequeños momentos de felicidad que sumados se multiplican hasta el infinito. Creo que ese número son las veces que voy a agradecer al Universo por haberlos vivido.
Claro que no todo fue rosa, pero con el tiempo los oscuros se olvidan, o se mezclan con tantos claros que pierden su importancia.
Mi trabajo en particular fue absolutamente aprovechado, disfrutado, amado. Horas y horas de dedicación sin tedio, con entusiasmo. Por el, han pasado muchas personas que me han ayudado, pero entre ellos, sin dudas siempre hay "alguien" con quien uno se puede confesar, expresar dudas abiertamente, apoyar... y esa es mi fortuna. Solo uno no puede llegar muy lejos, por más competente que sea, no es nuestra naturaleza. Somos desde el comienzo de nuestra vida la fusión de dos partes, siempre necesitamos al otro en la vida.
Santa Maria, me has ofrecido tanto con tan poco. Espero lo mejor en mi futuro, pero así te recordaré... y no quiero que me digas "adeus Mariana", prefiero decirte "até mais".
Si miro el camino andado, los miedos del comienzo se diluyen como una gota en el mar. El camino que parecia áspero como las calles de Santa Maria, y tambien tormentoso, se encuentra colmado de emociones, de alegrías, de descubrimientos, de aprendizajes, tan intenso que se torna único.
Atrás quedaron las primeras ayudas en campo, para entrenar la forma de trabajar del grupo y para conocerse, con un mensaje subliminal de obligación por ir, con miedo de ser reprendido. Esa obligación fue el mayor placer que un jefe podía darme, pero lo cumplí sin saber que iba a sentir esto hoy. Las primeras salidas, las fiestas en la universidad, los asados que a veces eran atragantados con una noticia de un proximo trabajo que "iba a ser difícilmente conseguido con éxito", o que "suponía una tensión más con el jefe". Esos detalles solo le daban mas gusto al trabajo, estos dos años fueron un adiós a la monotonía!.
Al principio fue como lo que siente un niño que esta aprendiendo a comunicarse, primero debe observar y escuchar, pues el aún no está preparado para responder. La diferencia es que un niño no es conciente de su aprendizaje, como lo es un adulto. Pero esa "incapacidad" solo puede ser superada con una gran voluntad, por el deseo de conseguir ser parte de ese mundo nuevo. Esa fue, sin dudas, la primera conquista.
Asistir a clases era muy curioso, entender y sin embargo tomar nota en la lengua madre, por primera vez nadie me pedía que le dicte lo que habia escrito. Con el tiempo eso tambien fue cambiando, y hasta en la agenda o en las listas para ir al supermercado las anotaciones habian cambiado de idioma.
Y luego vinieron las exposiciones, los congresos, los exámenes orales (y no solo los académicos) que continúan y continuarán. Excluindo a este último, todos han tenido un saldo positivo, y no solo por lo aprendido; la compañia siempre fue de primera para poder disfrutarlo.
Santa Maria me ofreció un grupo sensacional para trabajar, en lo profesional, en lo personal, y en todos los planos por donde se lo mire. Son tantas las vivencias, los pequeños momentos de felicidad que sumados se multiplican hasta el infinito. Creo que ese número son las veces que voy a agradecer al Universo por haberlos vivido.
Claro que no todo fue rosa, pero con el tiempo los oscuros se olvidan, o se mezclan con tantos claros que pierden su importancia.
Mi trabajo en particular fue absolutamente aprovechado, disfrutado, amado. Horas y horas de dedicación sin tedio, con entusiasmo. Por el, han pasado muchas personas que me han ayudado, pero entre ellos, sin dudas siempre hay "alguien" con quien uno se puede confesar, expresar dudas abiertamente, apoyar... y esa es mi fortuna. Solo uno no puede llegar muy lejos, por más competente que sea, no es nuestra naturaleza. Somos desde el comienzo de nuestra vida la fusión de dos partes, siempre necesitamos al otro en la vida.
Santa Maria, me has ofrecido tanto con tan poco. Espero lo mejor en mi futuro, pero así te recordaré... y no quiero que me digas "adeus Mariana", prefiero decirte "até mais".